Pero para mi eran un “se mira y no se toca”. No me animaba a tener una por miedo a no tener tiempo de cuidarla, mimarla, hablarle, regarla..etc.
Recuerdo cuando me regalaron por primera vez una planta: era
una cretona. Me la regaló mi mejor amiga de aquel entonces, pero cuando nuestra
amistad se empezó a desgastar, la cretona se me secó :(
Ahí fue cuando tomé más conciencia de que ellos (plantas, árboles, flores) son seres vivos: nacen, crecen, se reproducen, se alegran, sienten, sufren y se mueren.
Siempre viví en un apartamento y en la terraza mamá tenía muchísimas plantas a las cuales yo no solía darles bola.
Sin embargo, cuando iba de visita a lo de mi abuela me pasaba largas horas contemplando su jardín. Era bien grande y aquello sí que era respirar otro aire. Tenía limoneros, naranjos, duraznos, gingko biloba, un parral de uvas, zanahorias, maíz, rosales, aloe y un sinfín de yuyos, hierbas, plantas y flores.
Recuerdo que mi abuela me enseñó a trabajar la tierra y a cuidarlas. Ella detestaba los caracoles porque le comían sus plantas y cada tanto me invitaba a sus recorridas para librarse de ellos. Oh dios…qué sufrimiento, los pisaba, les tiraba sal. Yo siempre intentaba distraerla y cada vez que veía un caracol lo pasaba para el terreno del vecino sin que ella se diera cuenta, jaja. Las veces que habrán regresado!
Extraño mucho esa casa y seguro que ella también, es que ya no estaba para vivir sola y la casa se tuvo que vender. Todos tenían que ver con el jardín de mi abuela y creo que la vivienda se cotizó mejor por lo grande y bien cuidado del mismo …
Recuerdo robar los frutos que se caían y comerlos a escondidas para no convidar, qué sin vergüenza! O cuando la abuela me hacía sus delicatesen para acompañar con el té, fruto de sus cultivos que despedían un aroma sin igual.
Llegué a ponerle un nombre al jardín: LIBERTAD. Y también a algunos árboles; recuerdo que el naranjo por ejemplo se llamaba Napoleón y cada vez que los visitaba solía abrazarlos uno por uno.
Hace ya unos años, en otro terreno que no es mío y que ya no suelo visitar, llegué a plantar mi primer y único árbol. Un nogal. Hay un proverbio indio que dice: “El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido en vano”, pero siento pena de no haberlo visto crecer. Supongo que en un par de años debe de estar por dar sus primeros frutos. Si tan solo pudiera ver una foto de él…
Ahí fue cuando tomé más conciencia de que ellos (plantas, árboles, flores) son seres vivos: nacen, crecen, se reproducen, se alegran, sienten, sufren y se mueren.
Siempre viví en un apartamento y en la terraza mamá tenía muchísimas plantas a las cuales yo no solía darles bola.
Sin embargo, cuando iba de visita a lo de mi abuela me pasaba largas horas contemplando su jardín. Era bien grande y aquello sí que era respirar otro aire. Tenía limoneros, naranjos, duraznos, gingko biloba, un parral de uvas, zanahorias, maíz, rosales, aloe y un sinfín de yuyos, hierbas, plantas y flores.
Recuerdo que mi abuela me enseñó a trabajar la tierra y a cuidarlas. Ella detestaba los caracoles porque le comían sus plantas y cada tanto me invitaba a sus recorridas para librarse de ellos. Oh dios…qué sufrimiento, los pisaba, les tiraba sal. Yo siempre intentaba distraerla y cada vez que veía un caracol lo pasaba para el terreno del vecino sin que ella se diera cuenta, jaja. Las veces que habrán regresado!
Extraño mucho esa casa y seguro que ella también, es que ya no estaba para vivir sola y la casa se tuvo que vender. Todos tenían que ver con el jardín de mi abuela y creo que la vivienda se cotizó mejor por lo grande y bien cuidado del mismo …
Recuerdo robar los frutos que se caían y comerlos a escondidas para no convidar, qué sin vergüenza! O cuando la abuela me hacía sus delicatesen para acompañar con el té, fruto de sus cultivos que despedían un aroma sin igual.
Llegué a ponerle un nombre al jardín: LIBERTAD. Y también a algunos árboles; recuerdo que el naranjo por ejemplo se llamaba Napoleón y cada vez que los visitaba solía abrazarlos uno por uno.
Hace ya unos años, en otro terreno que no es mío y que ya no suelo visitar, llegué a plantar mi primer y único árbol. Un nogal. Hay un proverbio indio que dice: “El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido en vano”, pero siento pena de no haberlo visto crecer. Supongo que en un par de años debe de estar por dar sus primeros frutos. Si tan solo pudiera ver una foto de él…
Increíblemente en mi apartamento, nunca me animé a tener plantas y eso que tengo un lindo balcón para lucirlas. Es que ya viví tantas pérdida con ellas! Hará razón de dos años, una compañera de trabajo, sabiendo de mi gusto por la naturaleza y el estreno de mi nueva casa, me regaló una planta para el Día de la Secretaria. Se llama Kalanchoe y da unas flores increíbles, de color rubí. Es la niña mimada de la casa y está super grande y vigorosa.
Ya hacía días que estaba pensando en buscarle compañía (se lo merece) y no me decidía cual comprar. Oh casualidad, el susodicho como quien dice golpeó nuestra puerta. En un paseo por el shopping estaban promocionando una huerta orgánica y regalaban sobrecitos con semillas de diferentes plantas. Por lo que en este fin de semana Kalanchoe verá nacer y crecer a su nuevo amigo EL GIRASOL.
Ay Jacinta, la naturaleza no hace nada en vano!
"Hay quien cruza el bosque y solo ve leña para el fuego"

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